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Cuento: "Ana a través de los años"

  • Foto del escritor: Santiago Flores
    Santiago Flores
  • 9 jul 2021
  • 7 Min. de lectura

Heidi Fabián Martínez


Han pasado tantos años que no sé cómo he llegado aquí, han pasado tantas cosas que soy muy afortunada mientras estoy despierta, pero cuando duermo tengo pesadillas, no son como tal pesadillas, es mi pasado. Mi vida nunca fue fácil, cuando finalmente era feliz siempre pasaba una tragedia; solo espero que esta felicidad que tengo me dure mucho tiempo.


Tengo miedo a volver a perder todo, a recaer en drogas, perder a mi hija y no darle la vida que merece y obviamente no darle la vida que tuve. Bueno ya que estamos hablando de mí, les contaré mi vida, tal y como fue. Nunca se me ha dado hablar, pero desde su punto de vista podrán realmente decir y valorar su vida, tan buena o mala que haya sido.


Bueno, nací el 28 de noviembre de 1919 en Kentucky, fue de los inviernos más fríos y la temperada más larga, después de 13 años; para ser honesta nací en mi casa o bueno más bien en el departamento de mis abuelos y mi mamá, mi mamá Margarita Rodríguez era una joven de 17 años, mi mamá siempre había sido muy popular en la escuela, tuvo tantos noviazgos que nunca supo quién era mi padre; por lo que solo tuve el apellido de mi madre así que me llame Ana (porque mi abuela se llamaba así) Rodríguez. Yo viví en el departamento de mis abuelos hasta los 2 años, mi mamá siempre le gusto ir a fiestas, tomar alcohol y después drogarse, y de vez en cuando acostarse con varios de sus “amigos”. Mientras que viví en casa de mi abuela, mi madre asistía a clases y yo me quedaba con mi abuela, ella siempre me quiso mucho y trato de enseñarme cosas antes de que entrara al kínder. Un día por la mañana mi abuela encontró a mi mamá con varios hombres en su cuarto, al igual que botellas de cervezas y marihuana, por lo que saco a mi mamá es muy irresponsable, sin embargo mi mamá acepto la responsabilidad y decidió llevarme con ella.


Al principio mi mamá no sabía que hacer conmigo, sentía que yo era una carga pesada, pero yo sentía que yo estaba segura que me quería, porque aunque siempre fue difícil de tratar y era estricta, en el fondo era una persona sensible, preocupad, frustrada que quería una solución a su vida y a sus problemas.


Yo era lo contrario a mi madre hasta los 7 años, nunca fui popular, yo era tímida, y seria, seque no era lo que esperaba mi mamá de mí, yo era muy obediente pero siempre (actualmente también lo hago) salgo corriendo cuando sé que algo se ve mal, me asusto y entro en pánico.


Mi mamá estaba confundida y ella sabía que no era una mamá ejemplar, pero estaba segura de que su trabajo hacia que me diera una mala imagen, ya que, por más inocente y obediente que fuera, todos decían que sería igual a ella. Sin embargo mi mamá no quería continuar, odiaba su vida y la vida que me estaba dando, yo era muy pequeña y yo no entendía pero el amor que me tenía no era el suficiente como para continuar.


Así que el 9 de septiembre de 1926, mi mamá se suicidó, mientras yo estaba en la escuela.


Ese fue un día muy lluvioso, muy triste, con un futuro. Ese día nadie me recogió, pase 5 horas más en las instalaciones, hasta que un policía llego, y me llevo con él, a una casa vieja y grande.


El policía fue amable conmigo, me dio golosinas, hasta que de pronto fue momento de decir adiós, y de la nada sentí una mano huesuda, firme y vieja en mi hombre, y de la nada escucho como una gruesa y desesperada voz grita “You won´t get out of here, there isn´t any exit, so if you don´t wanna be punished you should run to the dining room” cada vez que dice una palabra aumenta su tono de voz, salí corriendo al comedor pero no sirven más que avena grumosa y un pan tieso.


Las demás niñas eran silenciosas, calladas, pero yo sabía que ellas me juzgaban y se reían de mí, sentía su mirada.


Varios años no tuve a nadie con quien juntarme, hasta que conocí a Brook, era hija de la dueña del orfanato, su mamá se llamaba “Mrs. Gigins” era una señora de mucho carácter, era grosera y ruda.


Brook en cambio era una persona muy graciosa, traviesa y al mismo tiempo impulsiva. Ella me enseñó a arriesgarme, a no tenerle miedo a la obscuridad, y verle a todo un lado tanto gracioso como pervertido.


A mis 18 años de edad, ya era momento para que me sacaran del orfanato, si embargo pocos meses después de que los cumplí, continué ahí. No me sacaron como tal, yo decidí irme por fuerza de voluntad, ya que un día Brook fue a mi cuarto en la noche, como siempre lo hacía, se sentó en mi cama y se acercó a mi despacio y me dio un beso, yo le dí una cachetada y le dije que se fuera, ella había mal interpretado nuestra amistad. Pasaron meses y yo estaba sola, una noche me decidí a entrar a la oficina de Mrs. Gigins y tomar mi documento donde decía todos los datos respecto a mi y a mi madre fue donde verdaderamente me sentí sola, decepcionada, mi mamá se había suicidado y era una prostituta.


Fue en ese momento cuando decidí empacar mis cosas y seguir con mi vida.


Al principio todo iba mal, empecé pidiendo limosna y comiendo comida en buen estado que encontraba en el basurero, yo no tenía ninguna profesión, así que trabaje como mensajera hasta 1937; ya que hubo un ataque japonés a un barco estadounidense. EU le declaró prácticamente la guerra a Japón.


Después de mensajera, fui aprendiéndole un poco a la tecnología, por lo que trabaje en una operativa de teléfono, hasta el 3 de diciembre en 1941.


No tenía familia para pedir días en Navidad, así que decidí ir a Pearl Harbor, Hawái. Mi abuela había ido en una ocasión porque había marineros o militares guapos caminando en el muelle.


Pero quién diría que justo el 7 de diciembre de 1941, fue otro ataque japonés a EU/Pearl Harbor. Era un día soleado y como fueron llegando los aviones y caían las bombas que caían al suelo, el cielo se ponía nublado y en la tierra se formaban ríos de sangre, de todos los ciudadanos. Yo corría lo más lejos del muelle, una bomba calló cerca de mi y me lastime en la pierna derecha y parecía como si las venas se le salía la sangre que corría por todo mi cuerpo, creí haber visto una luz, hasta que llego un militar joven y fuerte, que me cargo y me llevo a un lugar seguro.


No sé cuánto tiempo estuve inconsciente pero cuando desperté estaba en un centro médico, había otros heridos, con sus familiares en un costado de su cama yo en cambio estaba sola. Hasta que de pronto llego un doctor y el militar que me saco de la bomba; cuando me vio, era una mirada de alegría y emoción, yo no sabía cómo reaccionar a esa expresión. Poco a poco se hicieron más frecuentes las visitas del militar. Él era un muchacho de 24 años, se llamaba John Taylor, era muy gracioso, cariñoso, respetuoso y valiente, me contó que el no quería ser militar, solo que su padre era capitán de la marina, así que lo impulso y lo obligo a ser militar pero él quería ser abogado. Cada vez que se iba me sentía sola y me dolía el pecho y cada vez que lo veía tenía mariposas, así que me decidí a besarlo.


Llego, como todos los días se sentó en mi cama me saludo y lo bese, el se puso todo rojo y finalmente no tenía una palabra, tomo sus cosas y se retiró.


Al siguiente día llego tarde, tenía una cara de confusión y desesperada. Yo le pregunte que tenía cuando de la nada me devolvió el beso de aquella mañana.


Cada vez que lo veía me enamoraba más de él. Llego el día en el que tenía que regresar a casa, se sintió triste John cuando el doctor le dijo, pero estaba muy feliz por mí. No tuve de otra que decirle mi situación, para que hubiera la oportunidad de seguirlo viendo. Él sabía que no había sido fácil, pero estaba súper feliz de que hubiera llegado a él.


Ya que yo no tenía nada que perder en Kentucky, decidí acompañar a John en Peal Harbor. Por las mañanas se sentía muy aburrida en el departamento de John, así que decidí ser voluntaria y ayudar a los habitantes de Pearl Harbor, ayude en hospitales y donaciones, todo esto hacía por la mañana.


Pero por la noche solo quería estar con John, no quería separarme de el, claro que todo el día pensaba en el pero en la noche yo era como un chicle pegado al zapato. Pero quién diría que mi razón de despertar todas las mañanas, ayudar y apoyar todos los días para esperar a verlo se iría en un día. Ese fue un 31 de julio de 1945, cuando no había tomado en cuenta en que pude haberlo aprovechado más aquel día.


Fue un 6 de agosto de 1945 cuando lo perdí, justo del otro lado del mundo.


Ese día los japoneses iban ganando en su país y John estaba peleando en tierra, cuando de pronto soltaron la bomba “Little Boy” encima de el, y ahí se fue.


Los próximos años no podía más con el sufrimiento, por suerte la casa se hizo a mi nombre y tenía suficiente dinero. Pero yo ya no podía continuar a los pocos meses encontré algo que yo sentía que me quitaba el dolor…las drogas. Dos años me sentí muy mal. Hasta que un día vi a una señora con su hija, muy felices caminando, comiéndose un helado. M enamore de es sensación, así que decidí formar una familia yo sola.


Un día caminando encontré un lugar para niñas que están de adopción. Todos rechazaban a los niños con discapacidades. Fue en ese momento en el que me enamore de Alex, en ese entonces era una niña de 3 años, sorda pero era un caso leve, por lo que podía hablar con trabajo.


Y bueno, que les puedo decir ahora tengo 63 años y creo que soy la mamá más afortunada del mundo y estoy súper orgullosa de todo lo que ha hecho mi hija, y de lo que he formado a pesar de las adversidades, estoy feliz y tranquila con mi vida…


FIN.

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